La novela y el subgénero de espionaje

El mundo real del espionaje es colectivo, no individual. Cada uno tiene una pieza del puzzle, pero luego resulta que nadie lo tenía entero. Hace tiempo que han concluido los tiempos de los “ases del espionaje” estilo Sidney Reilly, a comienzos del siglo XX y Revolución rusa, que hacían y deshacían por su cuenta.

Hoy, un personaje principal apenas tiene sentido. Son equipos que trabajan contra otros equipos, por decirlo así. Las operaciones de espionaje y contraespionaje son muy complejas e incluyen medios importantes, así como complejas planificaciones.

Por lo tanto, esta novela busca explicar cómo funciona ese mundo, en su complejidad; la variedad de personajes diferentes implicados y, en último término, poner de relieve cuál es el objetivo final de las operaciones de espionaje / contraespionaje: la información.

Esto es bastante novedoso porque en realidad, durante muchos años se ha escrito mucho “falso género de espías”. Ahí lo importante era el cadáver, el traidor, las cuitas del espía (o la víctima) aislados. El célebre argumento de “hay un traidor entre nosotros” ha sido el más socorrido. En series como Homeland es el  trasfondo argumental básico, temporada tras temporada.

Y no es que sea una mala idea. Al fin y al cabo, las novelas del maestro Graham Greene incidían en el personaje central y sus hazañas o desgracias (El factor humano, Nuestro hombre en La Habana, El amigo americano). Le Carré ya introdujo el trabajo de los equipos, la complejidad de las operaciones, y la búsqueda de la información. Pero sus grandes títulos estaban centrados en un mundo todavía artesanal del espionaje, en el arranque de la Guerra Fría (El espia que surgió del frio es de 1963, ambientada en 1960). Las últimas novelas de este celebrado autor, al menos las ambientadas en los años 90s y primeros del siglo XXI  dejan ya bastante que desear, razón por la cual el autor ha regresado a los escenarios de sus primeras obras y a una especie de memorias.

Otro punto importante a tener en cuenta: los espías no resuelven asesinatos, ni crímenes. Eso es el trabajo de la policía. Los espías / analistas / agentes de inteligencia, intentan adelantarse a los acontecimientos, prevenir. Para eso se necesita la información, precisamente. En esta novela se trata de saber en qué consiste la amenaza que supone Arash (inicialmente) y después prevenir la supuesta cadena de atentados que se ciernen sobre Barcelona. En tal sentido, el relato de una operación de inteligencia vendría a ser, en la mayoría de los casos, algo más parecido a Minority Report (S. Spielberg, 2002) que a en el cual aparece el cadáver y el autor relata retrospectivamente qué sucedió.