Libros que me gusta leer.

https://www.facebook.com/VictorDelArbol.Escritor/

“Ciudad para ser herida” de Francisco Veiga. Editorial Mankell

Es verdad que cada vez, por motivos distintos, leo menos ficción que se publica ahora. Hay compromisos, trabajo, y una lista de pendientes enorme que crece sin parar. Pero de vez en cuando y por razones azarosas cae en mis manos una novela que en principio yo no estaba destinado a leer y que me lo hace pasar bien, olvidar el lápiz y el análisis y disfrutar sin más de la lectura. Tal es el caso de “Ciudad para herir” de Francisco Veiga.
Cada época elige por encima de los demás un género que la representa. Novela de corte histórico, novela costumbrista, de auto ficción, novela negra, novela social…Recuerdo que en los años 80 yo era muy aficionado a las novelas de espías, Frederick forsyth y sus “Perros de la Guerra”, la serie protagonizada por el espía Piers Ropper de Ken Follet, las novelas de Oriente Medio de Larry Collins y Dominique Lapierre…Eran trepidantes, hablaban de un mundo que se dividía en bloques y de la guerra fría, de espías complejos y sofisticados, de mundos de glamour y traición, mujeres hermosas y peligrosas, políticos sin límites…etc. Como pasa a menudo y sin una razón concreta, un día dejé de leer esas novelas que tanto me entretenían y pasé a otra cosa.
Curiosamente, en muy poco tiempo he vuelto a encontrarme con dos novelas de espionaje, “Or noir” de la escritora Dominique Manotti y la citada arriba “Ciudad para ser herida” de Francisco Veiga. Y en ambas he vuelto a encontrar aquel gusto de las horas leyendo con afán. En otra ocasión os hablaré de Manotti. Hoy quiero hablar de Veiga.
El mundo ya no está dividido en bloques ideológicos nítidamente separados por telones de acero, la globalización ha difuminado las fronteras, haciendo más y más borrosos las lealtades y más complejas las relaciones entre países. Hoy eres aliado y mañana enemigo, o aliado en un terreno y enemigo en el otro al mismo tiempo. James Bond no sabría por quién mata. El nuevo campo de batalla es la economía (siempre lo ha sido, pero esta vez se trata de intereses corporativistas) y el arma de destrucción masiva es la información (y la desinformación). Los servicios de inteligencia han tenido que mutar a la misma velocidad y no siempre de una manera exitosa. De esa transformación nos habla “Ciudad para ser herida” y de los vínculos entre terrorismo y delincuencia (a veces para financiarse, a veces como simple justificación para blanquear capitales)
La ciudad elegida es Barcelona, una ciudad cruce de caminos, efervescente, pujante y apetecible para todo tipo de personajes. La Barcelona de hoy bien podía ser aquel escenario de la guerra fría elegida por los escritores de los ochenta para ambientar sus tramas (entonces eran Berlín, Londres o París), un lugar donde el turismo lo es todo, el negocio inmobiliario la gallina de los huevos de oro y en la que desde hace años el terrorismo internacional ha colocado una diana.
Francisco Veiga sabe de lo que habla, uno lo nota al leer estas páginas, y lo he corroborado al conocerlo personalmente para hablar de su novela. Profesor de Historia especialista en los Balcanes y Turquía, en las relaciones internacionales, periodista con un amplio conocimiento de los entresijos que mueven el mundo (el flujo económico, el espionaje industrial, los servicios de inteligencia estatales y otros más opacos), no deja sin embargo, que el caudal de información nos ahogue o convierta la historia en un simple ensayo. La trama es rápida, nerviosa, como sus protagonistas que apenas tienen tiempo para asimilar lo que les sucede, llevados por el río de los acontecimientos para llegar a un final tan sorprendente para ellos como para nosotros, los lectores.
“Ciudad para ser herida” es una novela para leerla sin pausas, para correr de Barcelona a Helsinki o viajar a las turbulentas aguas del Bósforo.
Bienvenidos a la novela de espionaje del siglo XXI