La novela es, ante todo, Literatura. Esto es, se juega con la realidad y la ficción, con la estructura narrativa, con el lenguaje. Pero es, además, una novela con pretensiones de vanguardismo. Como ya se explicó, la forma de abordar el género es, en sí misma, parte de esta pretensión.

La estructura narrativa es la tradicional: planteamiento, nudo y desenlace. Pero esto sucede en líneas narrativas paralelas y por ello hay un triple epílogo, que en algunos casos es epílogo del epílogo. Aquí surge de una manera clara una estructura en “muñecas rusas” que aparece en otras partes de la novela e introduce al lector en esa lógica peculiar del mundo de la inteligencia, en el cual la información nos lleva a nuevas preguntas o a replantearnos lo que ya sabíamos. Y desde luego a cuestionarnos continuamente qué es éxito o fracaso.

Las relaciones entre los personajes, aunque no se profundiza mucho en ellas, tienen un papel importante en la obra. 

Primero, tenemos las categorías corporativas y el retablo de ese tipo de personas que se mueven en el mundo de las operaciones de inteligencia. Y que es muy amplio. Puede abarcar desde un portero de hotel contratado como informador puntual, a una persona involucrada sin tener conciencia de ello en ningún momento. Pero en líneas generales tenemos a los profesionales, a los “irregulares” (en muchos casos lo que conocemos como verdaderos espías) y a los auxiliares (conscientes de serlo o no).

Los irregulares y sus respectivas redes poseen un papel destacado en la novela por motivos literarios. A través de ellos se muestran esos mundos por los que navega la narración. El ámbito de los indepes; el de la nueva sociedad barcelonesa compuesta por el submundo de la inmigración, que nadie tiene mucho interés ni curiosidad en conocer (en realidad, nadie cuenta con ellos como colectivo); el de la academia, en el cual los espías buscan tantas veces información y sentido; y por supuesto, el de los malos, que es muy complejo y multiforme. Ya no se trata sólo de los viejos espías rusos o de terroristas musulmanes. Hoy en día la delincuencia puede poner en jaque a los estados, asociada a corporaciones y buscando sus alianzas en la red. Así es, por ejemplo, cómo se organiza el tráfico de órganos o el blanqueo de capitales.

Por último, hay otro elemento que es común a todos los personajes de la novela. No hay ninguno que tenga una pareja estable o esté casado.  Hay un viudo, un par de separados, personajes que buscan su pareja pero no tienen  claro qué quieren, incluso una protagonista que duda de su identidad sexual. Esto no es extraño en algunas profesiones, como la de diplomático o la que nos ocupa en la novela. Por otra parte, y como contrapartida, el trabajo es absorbente, y no digamos en periodos de clandestinidad.  De aquí que la camaradería o la amistad lleguen a suplir temporalmente a la familia.

La importancia de la amistad tiene una plasmación muy concreta en la novela en la relación que une a Claudia con Helena y Leonor, y que tendrá un protagonismo central en la novela. La mujer tiene un papel central en Ciudad para ser herida: las tres protagonistas son mujeres individualistas, profesionales y muy inteligentes con sus propias motivaciones personales. 

De hecho, hay una problemática que recorre la novela de principio a fin y es el de esas motivaciones personales aquellas que poseen las personas implicadas en la arriesgada profesión del espionaje, que además puede generar importantes dilemas morales. Hay personas que se mueven por su ideología política o su idealismo patriótico; después están los que recurren a su profesionalidad. No faltan los que no saben dónde se han metido. Pero hay un porcentaje significativo de personas que se mueven por lealtad personal: a los compañeros, a un líder, a los amigos, a una determinada idea sobre cómo debe resolverse un problema o una crisis. Por ello “rifarse por la banda” es una expresión que se repite varias veces a lo largo del relato.

La sicología tiene también un cierto protagonismo en la novela, normalmente de forma implícita, pero a veces explícitamente. Desde la primera página se explica al lector la importancia de procesos cognitivos que están presentes en la gestión de las operaciones de inteligencia, como el efecto Pigmalión. Pero hay toda una larga lista de problemáticas tipificadas en los manuales operativos. Por otra parte, en una sociedad altamente psicologizada como es la nuestra (en parte por efecto de la nueva sociedad de matriz neoliberal, altamente individualista que se ha venido imponiendo en los últimos treinta años) los agentes de inteligencia han de estar preparados para lidiar con sus propios problemas derivados de la profesión o con los que guían la acción del adversario.

En la obra hay una serie de alusiones a actitudes y deformaciones profesionales de los agentes de inteligencia, tanto los profesionales como los “irregulares”. Por ejemplo,  las alusiones a algunas formas de vestir, como la de Casiano, se refieren a viejas polémicas en torno a la conveniencia de adoptar la línea ultradiscreta y gris, o la más normal con concesiones a la moda. La frialdad y reserva de Claudia y su capacidad de controlar el mando desde una posición discreta parecen tener en ocasiones una vertiente clínica. También se habla del elevado umbral de dolor emocional de Casiano o la represión sexual de Helena.